Es la realidad habitada con orgullo.
El ver las paredes desmoronarse y sostener el cello en el pecho, apretado y sin miedo.
La era del ruido aturde desde todas las coordenadas, embiste la razón y pone en cuerda floja la pureza del corazón.
Caemos víctimas del día a día: la pugna milenaria del pan en la mesa, el todo por el todo y la carencia de consecuencias.
Ser real se convierte, de repente, en el heroísmo moderno.
Un palenque repleto de multitudes confundidas, el criterio de infomercial dominando el status quo.
¿Dónde cabe el grito escueto?, ¿el escupitajo de una mente maldita?, ¿o tan siquiera un tenue roce de razón amaestrada?
Ya ni la crítica light, ni el poeta de fotocopia; solo el molde asesino de plástico mental.
Menuda era, menudo futuro.
Lotes baldíos, grandes vacíos.
Es la realidad habitada con orgullo: ser de papel sin temor al arder, lo que me enciende desde siempre, para ganar o para perder.
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